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| Reflexionando en torno al 98. Juan Gualberto Gómez y la raza de color de Cuba (1878-1898) . | ||
Autor(a): MSc. Oilda Hevia Lanier . Juan Gualberto Gómez, es sin lugar a dudas, uno de los patriotas más consecuentes con los principios independentistas que ha tenido la Historia de Cuba. Mencionado por la historiografía cubana casi siempre por ser la persona elegida por José Martí para organizar los preparativos dentro de la Isla para la Guerra de Independencia de 1895, este es apenas un hecho en su larga trayectoria. La grandeza de su vida y obra estriba en la capacidad que tuvo para desempeñarse con acierto y de manera sobresaliente en distintos ámbitos de la esfera pública y política dentro y fuera de Cuba a lo largo de su existencia. Nacido el 12 de julio de 1854, en el ingenio Vellocino, ubicado en el municipio Sabanilla del Encomendador en la provincia de Matanzas, tuvo la suerte de nacer libre, pues sus padres Fermín Gómez y Serafina Ferrer, esclavos domésticos en ese entonces, ahorraron dinero para comprarlo desde que estaba en el vientre de su madre. Debido a la natural y manifiesta inteligencia que demostró desde pequeño, sus padres una vez que lograron libertarse y ahorrar algún dinero, decidieron trasladarse a vivir a la Habana para proporcionarle una mejor educación a su único hijo, este hecho también estuvo favorecido por la dueña del ingenio Catalina Gómez, que sentía un especial cariño por el por el pequeño y por el matrimonio de ex -esclavos, que durante años le habían servido fielmente.1 Una vez en la Habana los padres pusieron a Juan Gualberto a estudiar en los mejores colegios al que podían acceder los niños negros en aquel entonces y ya había llegado al límite de conocimientos que podía adquirir, cuando estalló la Guerra de los Diez Años. Su inevitable avance hacia el occidente de la Isla llenó de temor a los padres, que temerosos de las consecuencias que la guerra podría traerles al hijo que con tanto esmero había educado, decidieron mandarlo a Europa a estudiar, previo consejo de su antigua ama, la cual residía en la Habana en ese momento, quien les prometió que si lo enviaban a Francia ella los llevaría consigo cuando fuera de vacaciones para que pudieran visitar a su hijo.2 En 1869, partió rumbo a París, una de las capitales del mundo más adelantadas en cuanto a los derechos ciudadanos en aquel entonces. Por el día estudiaba carruajería, pero en las noches comenzó a imbuirse de los conocimientos más avanzados y del espíritu revolucionario que dominaban aquella ciudad donde todos los hombres eran tratados por igual sin importar el color de la piel. Casi siempre en la formación de la personalidad de los grandes líderes interviene la combinación entre la cultura y el poder vivir de cerca grandes experiencias o cambios políticos-sociales, que marcan de manera definitiva el rumbo de sus ideas y de sus vidas. Juan Gualberto no fue una excepción. Sin dudas su llegada a París y el empeño que demostró por aprender todo el conocimiento que se encontraba al alcance de su mano unido a la posibilidad de apreciar de cerca la experiencia de la Comuna de París y todo el movimiento revolucionario que de ella se derivó en esos años, marcaron el inicio de los cambios que experimentara el pensamiento y la personalidad de Juan Gualberto Gómez. Con respecto a Cuba, su experiencia más importante en ese período fue la estrecha relación que entabló en 1872, con Francisco Aguilera, vicepresidente de la República Cubana en Armas, y otros revolucionarios cubanos, que viajaron a París con el objetivo de recaudar fondos y formar una expedición con armas y hombres, para venir a Cuba, a luchar por la libertad. Aunque Juan Gualberto se inscribió como soldado para venir a combatir por la independencia, su misión más importante en ese entonces fue, dado su gran conocimiento del idioma francés, impugnar desde la prensa la campaña anticubana que estaban desplegando algunos periódicos españoles en Francia. Este hecho también fue fundamental en su vida, pues significó el reconocimiento público de su adhesión a la causa cubana, precisamente a través de la prensa, quedando de esta forma definida su labor más que como soldado, como periodista revolucionario y separatista.3 Luego de finalizados su estudios de carruajería su maestro recomendó que dadas sus posibilidades intelectuales iniciara estudios superiores de Ingeniería, lo cual comenzó, pero sus padres no pudieron sostenerlo económicamente por mucho tiempo y le solicitaron que regresara a Cuba para que los ayudase con su trabajo, pues se sentían viejos y cansados. Juan Gualberto abandonó los estudios, pero no regresó a la Habana, sino que decidió quedarse en Francia por su cuenta. Primero por necesidad y luego porque fue poco a poco adquiriendo el oficio, empezó su larga carrera como periodista, primero de noticias sueltas y después comenzó a involucrarse directamente en la política. En esa línea fue profundizando cada vez más, sus conocimientos acerca de la cultura, el idioma y la historia de Europa, conoció a las personalidades más importantes en ese mundo y participó en los debates parlamentarios donde se discutían las ideas y corrientes socio - políticas más modernas de ese momento. Durante esos años y bajo la supervisión de importantes dueños de periódicos, creció como periodista, se desarrolló como polemista y sobre todo se imbuyó de los principios liberales y de los valores patrióticos tan necesarios en cualquier líder. Finalizaba ya el año de 1877 cuando la personalidad política de Juan Gualberto estaba sólidamente formada, como periodista, polemista y orador público. Sale de Francia y se traslada a Méjico donde conoce al reformista y anti –esclavista Nicolás Azcarate, quien lo convenció de regresar a la Habana, pues ya había sido firmada la Paz del Zanjón y el gobierno prometía reformas liberales para la Isla. Inmediatamente que regresa a Cuba Juan Gualberto Gómez se incorpora a la intensa vida socio- política que se vivía en la Isla, durante estos años sus pasos iniciales van a estar muy ligados a los reformistas Adolfo Márquez Sterling y Nicolás Azcarate, éste último, abogado de profesión, también había regresado a Cuba y establecido en la Habana un bufete. En ese mismo año sucede otro hecho que marcara la carrera política de Juan Gualberto Gómez, y es que llega a la Habana José Martí y comienza a trabajar como pasante en el bufete de Nicolás Azcarate, allí en el trato diario comienza una amistad y comunidad de ideas en torno a la patria que rebasarán los marcos de las futuras distancias y de la muerte. Prontamente comenzaron a conspirar juntos en la preparación del nuevo levantamiento que se gestaba en el interior de la Isla y ambos fueron nombrados secretarios de distintos clubes revolucionarios en la Habana. A la vez que a sus quehaceres políticos comenzó a dedicarse a uno de los problemas más trascendentales y vulnerables de la nación cubana: la población negra y mulata. Ya desde entonces Juan Gualberto percibió que uno de los problemas más importantes que tenían que resolver los cubanos para lograr la unidad, era el tema de la integración racial, no bastaba con haber abolido la esclavitud, se debían también abolir determinados prejuicios y formas notoriamente públicas de discriminación racial. Esa labor, en su concepto, debía partir de los propios cubanos y debían darse pasos concretos para resolverse si se quería lograr atraer a este importante grupo poblacional a la causa de la independencia, pues por esos años el gobierno español, había tomado medidas específicas dirigidas a contentar a la población negra y ganarse su fidelidad a la corona española. También el gobierno había dedicado recursos especiales a promover publicaciones periódicas, Casinos españoles de color por toda la Isla y a realzar la imagen de algunos líderes negros que defendían a la corona española. Esta labor estaba surtiendo sus efectos que podían considerarse peligrosos para la futura causa de la independencia, si se tenía en cuenta que los negros y mulatos representaban un importante grupo poblacional dentro de la Isla y que muchas personas habían quedado desanimadas de los ideales independentistas, con la paz del Zanjón.4 Otro “enemigo” importante a tener en cuenta fue el Partido Liberal Autonomista que por estos años apenas comenzaba una amplia labor para ganar adeptos y con independencia de el desempeño de sus líderes más renombrados, en los rincones más apartados de las provincias, si logró durante la Tregua Fecunda gran popularidad en los niveles más humildes y atraer hacia sus filas a muchas personas de la raza negra, algunas de las cuales habían luchado en el Ejército Libertador. Para combatir estas tendencias, en abril de 1879 Juan Gualberto fundó el periódico La Fraternidad , con el cintillo: “Diario general para la defensa de la raza de color en Cuba” y desde su título, el cual hacía alusión a uno de los principios de la Revolución Francesa, hacia manifiestas las aspiraciones que tenía con respecto al problema racial en Cuba, a pesar de que en la Isla todavía no se había abolido la esclavitud. También en ese período y al calor de la nueva Ley de Asociaciones que se aprobó para la Isla, fundó Sociedades de Instrucción y Recreo para pardos y morenos e hizo campañas y visitas personales a distintas localidades, para que estas proliferaran por toda la Isla, especialmente en aquellas zonas de grandes pasiones independentistas donde rápidamente Juan Gualberto logró ganar seguidores que lo apoyarán en las distintas contiendas a lo largo de su vida.5 Con su desempeño de estos años, logró agrupar en torno suyo a algunos de los más sobresalientes intelectuales negros y mulatos, principalmente periodistas, y a numerosos integrantes de la clase media de su raza promoviendo entre ellos y a través de ellos sus ideas políticas a favor de la independencia y la igualdad racial, comenzando así a formarse en torno suyo un grupo de negros y mulatos con un discurso propio que marcará pautas en cuanto a que camino debía seguir la población negra y mulata de la Isla para lograr la integración racial. Sin dudas las ideas que promovía este grupo de intelectuales eran muy polémicas pues entendían que los negros y mulatos principalmente en los sectores más humildes, debían abandonar las costumbres y tradiciones africanas como los bailes y tambores, los cabildos, el ñañiguismo, las ceremonias africanas y todo aquello que recordara el “pasado ominoso de la esclavitud” y promover la instrucción, la cultura y la superación, había que asumir los patrones de cultura y refinamiento de la sociedad blanca como la manera de lograr el adelanto social y paulatinamente la integración racial. Como uno de los aspectos más atacados y desvalorizados dentro de la raza negra eran las mujeres, también se promovió una imagen de la mujer negra que desmintiera los estereotipos creados en torno a ellas y la equiparara con las blancas. En esa labor participaron importantes periodistas femeninas, poetisas y maestras, de las cuales por vez primera se divulgaron sus nombres. No sólo se abogaba por su preparación intelectual, sino que se divulgó a través de la prensa una imagen de mujeres negras vestidas con elegancia y refinamiento, que celebraban bailes de estaciones, rifas, y otras actividades de sociedad hasta el momento sólo conocidas entre las mujeres blancas, pero sobre todo, se hizo especial hincapié en la importancia del matrimonio y el lugar de la mujer negra dentro del hogar como esposa legítima y respetada, compañera y madre de familia. A esta inmensa tarea, se intentó encaminar la labor de las sociedades de instrucción y recreo, en ellas se fundaron bibliotecas y escuelas diurnas y nocturnas con profesores que impartían conocimientos elementales tanto a los niños, como a las mujeres y los trabajadores para los que había horarios especiales. Pero no sólo eso, también se promovieron actividades culturales y festivas de alta distinción como representaciones teatrales de obras clásicas, interpretaciones musicales por orquestas respetables, coros, declamaciones, etc. Estas actividades no siempre encontraban apoyo en los niveles más populares de la población que tenían preferencias y costumbres más sencillas y que estaban profundamente arraigadas de mucho tiempo atrás con las cuales se sentían bien y no estaban de acuerdo en cambiar. Este aspecto del pensamiento de Juan Gualberto Gómez y de sus amigos, ha sido ampliamente debatido y criticado, lo cierto fue que estos esfuerzos para lograr “una nueva imagen” entre la población negra no tuvieron mucho éxito. 6 Esta labor de las Sociedades estaba estrechamente ligada y respaldada por el periódico la Fraternidad , el cual no sólo se dedicó a promover estas ideas, sino que también constantemente a través de el se hacían denuncias y manifestaciones en contra de los atropellos y discriminaciones que sufrían los negros y mulatos, principalmente los africanos, y se informaba las condiciones de vida, las principales inquietudes y preocupaciones que tenía este sector de la población a lo largo de toda la Isla. Es esta quizás la parte más encomiable de su labor y la que le ganó más seguidores. Este periódico se convirtió en un verdadero vocero y defensor de su raza, llegando incluso a hacer públicas las cartas de las personas del pueblo que escribían contando sus infortunios y experiencias. La Fraternidad llegó incluso a elevar al gobierno múltiples peticiones para acabar con las separaciones por razón del color de la piel en los centros de instrucción, empleos, parques, paseos públicos, restaurantes y cafeterías, libros de matrimonios, bautismos y enterramientos. Debemos destacar que este periódico a pesar de ser el más conocido no estuvo solo en su desempeño, en muchas provincias se fundaron publicaciones periódicas con los mismos objetivos lo que más concentrados en los sucesos locales, sus cuerpos de redacción en la mayoría de los casos tenían las mismas ideas que promovían Juan Gualberto Gómez y sus amigos de la Habana. A pesar de las adversidades, escasez de recursos y falta de comunicación propias de aquella época, estos periodistas dedicaron especial empeño en diseminar sus publicaciones por los rincones más apartados de la Isla para en muchos casos conocerse a través de la prensa, comunicarse, identificar intereses, limar asperezas, fortalecerse, ganar cada vez más adeptos y hacer su campaña lo más abarcadora y nacional posible. De este período de su quehacer hay dos aspectos que se deben destacar. Primero, debido a las condiciones en que se encontraba la población de color en la Isla durante estos años y a las condiciones políticas que imperaban, su labor pública y periodística en estos años estuvo más encaminada a organizar en la medida de lo posible a este sector de la población y aunque la campaña antirracista y antidiscriminatoria no estuvo desligada de su ideas independentistas, éste último aspecto se desarrolló más a nivel personal y privado, todo lo contrario de lo que sucederá a partir de 1890 en que su campaña política será la prioridad de su desempeño y la temática racial ocupará un segundo plano. El otro aspecto a destacar es que si bien en los inicios muchos de sus seguidores eran hombres de letras, en la medida que su campaña antirracista se tornaba más agresiva y profunda, Juan Gualberto fue ganando cada vez más seguidores en toda la Isla, muchos de ellos antiguos combatientes de las filas insurrectas de la zona centro -oriental de la Isla. Es en estos años que con esta labor logró convertirse desde ese momento y para siempre, en la figura de su raza más sobresaliente y reconocida por todos. A principios de 1880, su intensa y fructífera labor quedó trunca con su detención por su participación en los preparativos de la Guerra Chiquita. De la Habana es deportado a Ceuta. Allí no se mantuvo inactivo, como periodista envió colaboraciones para los periódicos La Discusión y la Fraternidad en la Habana, éste última seguía publicándose por sus amigos y también se mantiene informado de todo cuanto ocurre en la Isla y Europa. Durante ese período ocurre otro hecho importante en su vida, y es que entabla por recomendación de Nicolás Azcarate un activa correspondencia con Rafael María de Labra, prestigioso abogado y abolicionista, quien en los próximos años será su defensor en distintos pleitos judiciales, su benefactor y ejercerá una influencia decisiva en su vida. A fines de 1881, se traslada a Madrid donde al amparo de Rafael María de Labra, y allí despliega una intensa labor política y periodística. Es nombrado secretario de la Sociedad Abolicionista Española, escribe crónicas parlamentarias, sueltos e informaciones para los periódicos El Abolicionista y La Tribuna . Asume la dirección de dos nuevas publicaciones El Progreso y El Pueblo y pronuncia discursos en actos públicos a favor de la abolición del patronato y de la autonomía colonial. La repercusión en Cuba de sus crónicas es tal, que se levanta toda una ola de censura en contra de su proceder y se entablan fuertes polémicas con algunos de los más prestigiosos autonomistas residentes en la Isla. Un hecho profundamente significativo en el pensamiento de Juan Gualberto Gómez, es la publicación en 1885, estando todavía en España, de Un Documento Importante , texto que a mi juicio marca la madurez política que este líder había logrado alcanzar con respecto al análisis de la situación socio –política y económica de Cuba, este texto es sin dudas, el fruto de largos años acumulando información y experiencias políticas por haber tenido la posibilidad de presenciar y/o participar como actor en escenarios históricos claves y junto a algunas de las más sobresalientes personalidades políticas vinculados a Cuba y la realidad colonial. En el exhaustivo análisis que hace no solo se aprecia su inmensa capacidad para entender la realidad cubana de ese momento sino principalmente el futuro que se avizoraba.7 Entre los múltiples aspectos que aborda, le dedica especial atención al problema racial y es en ese documento donde Juan Gualberto expresa por vez primera las implicaciones que tendría para los negros y mulatos la formación de un Partido Negro. Al parecer los intentos de formar un partido en la Isla, compuesto exclusivamente de personas negras, comenzaron desde los años de la Tregua Fecunda, con respecto a eso expresa en su escrito: “Me opuse porque el peligro que yo veía en la formación del partido negro no estaba compensado con las escasas ventajas que nos ofrecía. (…)Si aquellos hombres de color que , siguiendo las indicaciones de unos cuantos malvados, que propagaban esa idea hubieran logrado sus deseos ¿cree usted que no estaríamos peor de lo que estamos, lo cual no es poco decir? Si a pesar de que nada hemos hecho ni intentado siquiera, obrando como entidad etnográfica, se nos ha achacado siempre todo lo que allí podía ser considerado como malo ¿ que hubiera sido de nosotros el día que nos hubiésemos movido solos en una dirección determinada. Sin movernos nosotros se ha tratado de hacernos odiosos al país ¿ que hubiera pasado si hubiéramos intentado crear un partido? No mi amigo: jamás, jamás nos separemos de los blancos de Cuba. Aunque ellos no se hayan conducido con nosotros como hermanos…”8 Esta actitud contraria a la formación de un partido negro fue una posición que mantuvo a lo largo de su vida política. Esta también fue una postura polémica, duramente criticada y que le resto popularidad entre los miembros de su propia raza, sobre todo en los años que siguieron a 1898, en que luego de la Independencia y el transcurro de los primeros años de instaurada la República, los negros y mulatos vieron defraudadas sus esperanzas de construir un futuro con todos y para el bien de todos y decidieron fundar el Partido Independiente de Color. No es el ánimo de este texto entrar en el análisis de la justeza o no de las causas que llevaron a la fundación de este partido, sin dudas a estos negros y mulatos los asistieron muchos motivos y en la mayoría de los casos estaban avalados por una larga trayectoria política civil y militar a favor de la Independencia, pero la realidad histórica era mucho más compleja, que las razones que los asistían y la vida demostró que los argumentos de Juan Gualberto Gómez, más inspirados en un razonamiento maduro que en la pasión política, eran ciertos , pues inmediatamente que los miembros del Partido intentaron actuar como entidad racial, se creó en torno a ellos toda una propaganda racista rememorando el fantasma de la Revolución Haitiana y a la larga fueron duramente aplastados, por los dirigentes de la República que ellos habían ayudado a construir. Luego de su fructífera estancia en España, en 1890 regresó a la Isla Juan Gualberto Gómez colmado de prestigio por haber desplegado su talento en aquel país junto a otras personalidades importantes que luchaban desde dentro de la metrópoli para obtener reformas para el sistema cubano. Contrario a la vez anterior que regresó del extranjero, en que sus posturas políticas fueron más cautelosas, en esta ocasión desde su llegada a Cuba todos sus esfuerzos se encaminaron a comenzar una amplia y abierta propaganda separatista, a inculcar los sentimientos independentistas en los ánimos de los cubanos y sembrar el terreno para la futura Revolución. A partir del 30 de agosto de ese mismo año, reaparece el periódico La Fraternidad con un nuevo formato, dejó de ser un diario dedicado a la defensa de los intereses de la raza de color para convertirse en un diario democrático. Cada día aparecían en sus páginas extensos editoriales dedicados a analizar la crítica situación de la sociedad cubana y a llevar al ánimo de sus lectores que la mejor solución para cubanos y españoles era la separación. Los artículos “Nuestros Propósitos”, “Separatista si; Revolucionario, no”, “La Ruina o la guerra”, “Por qué‚ somos Separatistas” y “A la Cárcel”, constituyeron todo un acontecimiento en la vida política del país. Por dichos artículos fue detenido por las autoridades y llevado a la cárcel por incitación a la rebelión. A finales de 1891 el Tribunal Supremo lo absuelve de la acusación por incitación a la rebelión y su próxima misión ser reorganizar el Directorio Central de las Sociedades de la Raza de Color, organización fundada en 1886, por destacados intelectuales negros y mulatos seguidores de sus ideales, con el objetivo de luchar por reivindicaciones socio- raciales y para unificar los esfuerzos de esta significativa masa de la población en favor de la causa separatista. Sin descuidar su labor en el estadio de la prensa Juan Gualberto, junto a sus amigos, se dedicó a visitar a las sociedades de color del interior de la Isla y aunque su periódico para engañar a las autoridades coloniales, alega que cumple con visitas de compromiso a sus amigos que no ha visto desde su destierro, no hay dudas que el motivo fundamental fue recabar la mayor ayuda posible para su propaganda revolucionaria, aunar esfuerzos entre los negros y mulatos y entre civiles y militares, trasmitir las instrucciones que recibía desde la emigración y lograra atraer el mayor número de personas para cuando pudiese comenzar nuevamente la guerra contra España. Su estancia en la Habana, sus viajes por el interior del país unido a las experiencias que le trasmitieron sus amigos le permitieron comprender que con la crítica situación que confrontaba la raza de color no era posible movilizarlos en un sentido político. Había primero que ayudarlos a aliviar las fuertes tensiones que existían entre ellos lograr que tuvieran un mínimo de reconocimiento social y a la vez encaminarlos por la vía de la independencia. Previa convocatoria se celebró en la Habana del 23 al 27 de julio de 1892 una importante asamblea de sociedades de toda la Isla, que contó con la adhesión de 70 de ellas. Las demandas fundamentales fueron las mismas que desde 1878, había reclamado ante las autoridades coloniales para que se resolvieran: La entrada de los niños de color a las escuelas públicas, la dualidad de inscripciones en los libros de nacimientos o bautizos. Cédulas de vecindad para negros y cédulas para blancos. Mientras a los blancos se les daba el tratamiento de cortesía de Don o Doña, a los de color se les denominaba pardos o morenos. Que quedaran eliminadas las divisiones raciales que en la práctica se aplicaban a la hora de otorgarles trabajo, los negros no eran ubicados por lo general, en las industrias y los comercios, pues se consideraba que no tenían suficiente preparación para ello, por lo que sólo se les incorporaba a trabajar en oficios poco remunerados. Además estaba el tema de la agricultura, donde se ocupaban una inmensa mayoría de braceros negros cuya situación era muy difícil. 9 La Asamblea fue fundamental porque logró movilizar un gran número de sociedades, corporaciones y personalidades de toda la Isla en aras de la unidad racial, por vez primera se organizaba en la Isla un evento de este tipo, donde además las diversas sociedades podían establecer comunicaciones entre ellas, limar asperezas y compartir experiencias que la distancia y las limitaciones de la época imponían. Aunque sus propósitos eran aparentemente sencillos, pero al menos tenían la conciencia de había que unirse para luchar por las reivindicaciones socio –raciales, que había que una unidad de criterios, un programa inicial definido y la disposición de, utilizando las vías legales, enfrentar a las autoridades y al resto de la sociedad en aras de alcanzar sus aspiraciones. Era necesario comenzar un camino para lograr la identificación y unidad entre los miembros de la raza negra, a través de la vertebración de las sociedades de la Isla y concebir una estrategia común de lucha. La Asamblea de Sociedades de color, acordó solicitar el apoyo de los partidos liberales y democráticos del país, del Partido Conservador y de todas las corporaciones de índole no oficial que existían en la Isla. Estas demandas serían presentadas en una Exposición ante los poderes constituidos. A pesar de las fuertes tensiones existentes entre las corrientes políticas y los negros, a fines de 1892 Juan Gualberto Gómez, como presidente del Directorio, solicitó el apoyo de los partidos liberales y democráticos de la Isla pues consideraba que estos estaban en el deber de amparar en sus justas reclamaciones a las clases más desamparadas del país principalmente a los que habían sido más postergados como era el caso de los negros. Con especial inteligencia también solicitó el apoyo del Partido Conservador que, por ser el más cercano al gobierno, debía amparar las aspiraciones civilizadoras y patrióticas del Directorio. Juan Gualberto con amplia experiencia política sabía que el momento escogido para hacer sus reclamaciones no podía ser mejor, pues a pesar de los insultos que a diario podían leerse en la prensa o sufrir en la vida cotidiana, los dirigentes de los partidos políticos no se atreverían en vísperas de elecciones a hacer declaraciones públicas en contra de los derechos sociales de los negros, pues todas las miradas de este sector estarían pendiente de sus declaraciones para saber por quien votarían en las elecciones. A principios de 1893, ambos partidos dieron su apoyo oficial a las peticiones del Directorio, el periódico Aunque las respuestas fueron satisfactorias, en la práctica los periódicos de ambos partidos mantuvieron su campaña racista, pues como había expresado la máxima figura del Partido Conservador, los hábitos arraigados durante siglos no cambiarían tan prontamente. Es importante destacar el apoyo que recibió el Directorio de los cubanos negros que vivían exiliados en los Estados Unidos, desde 1892 en que vio la luz el nuevo periódico fundado por Juan Gualberto Gómez, titulado La Igualdad . Entre éste y Patria , órgano del Partido Revolucionario Cubano, se establece una estrecha comunicación debido a la comunidad de intereses. En un muy esclarecedor artículo titulado: “Por la Armonía Social ” este periódico reconoce que la exclusión que se hace de la raza de color en Cuba, se sostiene porque los criollos blancos o mestizos de la Isla lo consienten, y no pocos lo fomentan, incluyendo los propios negros de piel más clara y facciones finas y aunque apoya la labor del Directorio, duda de su éxito y manifiesta abiertamente que sólo después de la independencia los hombres de color alcanzarán la justicia a que tiene derecho.10 De gran importancia también resultó‚ la labor de Rafael Serra y Montalvo periodista y tabaquero negro, emigrado y estrecho colaborador de José Martí en las actividades revolucionarias. Fue‚ uno de los fundadores de la Sociedad "La Liga", sociedad protectora de instrucción, consagrada al auxilio de los hombres de color nacidos en Cuba y Puerto Rico, la cual, tenía objetivos similares al Directorio en cuanto a la necesidad de instrucción de los negros para elevarse a más altas posiciones. La mayoría de los negros cubanos pertenecientes a "La Liga", tenían importantes grados militares obtenidos en la Guerra Grande. Esta sociedad tuvo su representación en la Habana en estrecha vinculación con el Directorio. Otro líder negro de relevante importancia en estos años fue Martín Morúa Delgado, enemigo político de Juan Gualberto Gómez, pues ambos divergían en las proyecciones que debían asumir los negros para lograr el reconocimiento social. En los años de la Tregua Fecunda, Morúa Delgado consideraba que aunque el único camino para la solución de los problemas de la Isla era la independencia, por las condiciones de Cuba, por la guerra demorada, por los entorpecimientos en la emigración y por el fantasma negro. Haciendo un balance de esos años el mayor saldo positivo estaba a favor de los autonomistas y que todos los cubanos debían trabajar por todo lo que los acercara a sus ideales de democracia mientras no hubiese mejores esperanzas. En 1890 regresó de la emigración en donde había vivido durante algunos años, y en 1892 fundó un periódico llamado La Nueva Era , cuyo objetivo principal era combatir al Directorio pues consideraba que no se le debía pedir al gobierno lo que éste no quería ni podía dar, que lo solicitado por la Asamblea de 1892 ya estaba decretado largo tiempo atrás, que los negros no debían tener motivo de agradecimiento a las instituciones monárquicas y que el acercamiento entre ambas razas debía producirse por voluntad propia y no por acuerdos gubernativos. La rivalidad entre ambos líderes llegó a ser tan fuerte que a los seguidores de uno u otro se les denominaba "moruistas" o "gualbertistas" respectivamente. El 14 de diciembre de 1893, el Consejo de la Administración respondió satisfactoriamente a las demandas del Directorio, el triunfo fue ampliamente celebrado y se recibieron expresiones de felicitación de todo el país. Sin embargo de inmediato se levantó una poderosa reacción en algunos sectores de la sociedad en contra de las disposiciones gubernativas y aunque a mediados del siguiente año el Capitán General de la Isla General Bernardo Callejas y Juan Gualberto Gómez recorrieron juntos algunas provincias donde las tensiones habían sido más sentidas no fue esto de mucho alivio para los negros. Para fines de 1894 los negros y mulatos seguían postergados en los empleos públicos hasta los oficios de carpinteros, albañiles, criados, conductores de guagua, barrenderos, etc., eran ocupados por personas blancas. No se les permitía la entrada en establecimientos privados y en los públicos cuando no sufrían enfrentamientos con los dueños, se les humillaba sentándolos en mesas separadas y con vasos y cubiertos sólo para negros, en las barberías también había sillones exclusivos para personas de color. Personas distinguidas que habían ocupado asientos de tertulia en los teatros de la capital ahora tenían que sentarse en la cazuela “(...) donde se entra con un buen traje y se sale hecho una miseria)” Los propietarios de cafés y restaurantes se enfrentaban a la policía para hacer saber que no admitirían negros en sus establecimientos y los sobornaban para que no oyeran las reclamaciones de los mismos. Las divisiones en los paseos públicos se mantuvieron hasta la República , así como los libros de enterramientos separados, donde se mantenía la denominación de pardos y morenos.11 La labor en pro de la independencia desplegada por Juan Gualberto Gómez y sus amigos por toda la Isla y en especial en el Occidente, rindieron sus frutos, para fines de 1894 existían fuertes rumores atribuyendo a la clase de color el propósito de llevar a cabo una sublevación de carácter racista en toda la Isla , lo que demuestra que los negros estaban organizados en ese sentido. Durante el año 1895 algunas Sociedades se mantuvieron abiertas a pesar de la persecución desatada por las autoridades, para almacenar armas, uniformes y pertrechos de guerra, pero la inmensa mayoría cerraron sus puertas y sus miembros fueron a luchar al campo insurrecto. Muchos estaban firmemente convencidos que con la Revolución se resolverían los problemas de la Patria y en especial el conflicto racial. Sin embargo el escabroso camino apenas comenzado en estos años, por los negros y mulatos cubanos, para lograr la igualdad racial apenas comenzaba. Luego de 1898, Juan Gualberto por los deberes urgentes que tuvo que afrontar en ese período tan convulso de nuestra historia no pudo inicialmente encabezar la lucha de los negros y mulatos por sus derechos, más bien priorizó los asuntos relacionados con la independencia nacional pues sinceramente creía que si estos quedaban resueltos, el camino de la población negra sería más fácil, no obstante al leer su correspondencia uno puede apreciar que de manera silenciosa ayudaba a muchas personas de su raza que se encontraban en grandes dificultades o eran injustamente discriminadas. Para 1902, retoma y encabeza el movimiento de los negros y mulatos, junto a sus viejos amigos y muchos otros nuevos, pero para esta etapa el camino y las aspiraciones a alcanzar serán diferentes…
Notas y Citas 1 Horrego Estuch y Oilda Hevia. Juan Gualberto Gómez. Un gran inconforme y Selección de documentos inéditos sobre Juan Gualberto Gómez. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 2004. p.1 |
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