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Comentario sobre la mesa redonda La historiografía latinoamericana y su identidad auspiciada por la Universidad de Valladolid, España.

Autor(a): Dra. Mildred de la Torre Molina. Investigadora Auxiliar, Instituto de Historia de Cuba.

Las profesoras Celia M. Parcero e Ies Parquesol, de dicha universidad, presentaron una breve comunicación en torno a las proyecciones actuales de la historiografía cubana.

El título, Las consecuencias de la revolución castrista en la historiografía colonial, evidencia su carácter político.
En el primer párrafo afirman que la revolución castrista condicionó la historiografía escrita al implantar el método marxista y los contenidos temáticos.

Resulta interesante destacar que antes del triunfo revolucionario de 1959 hubo una historiografía marxista que continuó presente hasta nuestros días. Sus autores son sumamente conocidos y citados por los estudiosos extranjeros y cubanos. Ellos revelan la continuidad en el quehacer historiográfico cubano. A las obras de Julio Le Riverend, Pedro Serviat, José Luciano Franco, Sergio Aguirre y Lionel Soto, entre otros, puede sumarse la labor de los actuales científicos, ya que la Revolución Cubana posibilitó la continuidad y no la ruptura con el pasado.

Es necesario recordar que durante la república neocolonial la historia era una disciplina dentro de la carrera de Filosofía y Letras y que después de la reforma universitaria de los inicios de la década del sesenta adquirió su identidad docente y científica al instituirse la licenciatura.

También debe conocerse que durante el período neocolonial el país careció de centros investigativos dedicados a la ciencia histórica. De esa suerte, la labor historiográfica recayó fundamentalmente en docentes e intelectuales carentes de apoyo gubernamental.

Después del triunfo de 1959 se crearon los centros de investigaciones científicas tales como los : Institutos de Historia de Cuba; de Etnología y Folclor; Filosofía y Literatura y Lingüística, entre otros. Al propio tiempo se fortalecieron las instituciones dedicadas al rescate y preservación del patrimonio cultural El Archivo Nacional de Cuba, la Biblioteca Nacional José Martí, La Oficina del Historiador de la Habana, los archivos y las oficinas de las capitales provinciales ejemplifican con creces lo anteriormente apuntado.

El método marxista, prevaleciente en la mayoría de las nuevas generaciones de científicos, no fue impuesto por el estado, sino asumido. Al propio tiempo, se produjo una explosión editorial, ininterumpida hasta el presente, que supo combinar lo nuevo con lo viejo en tanto salió a la luz pública todo cuanto se produjo durante la colonia y la neocolonia, sin tenerse en cuenta el método científico empleado, la procedencia socio clasista, y mucho menos la filiación política de los autores.

Lo que interesaba e interesa es elevar los niveles educacionales de la población mediante la proliferación masiva de la creación intelectual. Esta, a su vez,dejó de ser potestativa de una minoría privilegiada para ser parte inseparable del patrimonio nacional.

Los párrafos siguientes de la autoras de la comunicación se contradicen. Las afirmaciones de que en Cuba los estudios coloniales han perdido importancia y que los historiadores cubanos han preferido orientar sus trabajos a la investigación del pensamiento martiano y a las biografías de los mártires revelan, al menos, la ignorancia de las autoras sobre la creación historiográfica nacional. El ámbito histórico del Héroe Nacional de Cuba como el de las biografías y estudios realizados sobre los principales creadores del pensamiento político social, fue justamente el colonial. Pero, además, ese también constituyó el escenario social de los movimientos pre independentistas, aspecto subrayado por las autoras.

Estas desconocen dicho ámbito social cuando categóricamente afirman que la aplicación del método marxista ha reducido además los temas coloniales a los aspectos económicos y sociales predominando de forma abrumadora los estudios sobre la esclavitud ligada al desarrollo azucarero del siglo XVIII y XIX siguiendo el modelo de Manuel Moreno Fraginals expuesto en su obra El Ingenio. De admitirse lo anterior, cabe preguntar de nuevo, si la esclavitud y los procesos económico sociales estudiados, están fuera del contexto colonial. Por otra parte, si bien es cierto que El Ingenio marcó un momento en la historia historiográfica cubana, no lo es menos que los estudios de Julio Le Riverend, Raúl Cepero Bonilla, Jacinto Torras y otros, realizados antes de la Revolución, sentaron premisas para el abordaje de las problemáticas económicas.Es bueno recordar a las autoras, parece que lo desconocen, que los economistas David Ricardo y Adam Smith, fueron los fundadores de la teoría económica del capitalismo. Por lo que los estudios en esta esfera no tienen la exclusividad en el marxismo.

El interés de los investigadores cubanos por la esclavitud ha abarcado todas las esferas de la sociedad. La proliferación de publicaciones especializadas en los movimientos sublevacionistas esclavos, en la esfera del pensamiento, en las relaciones internacionales, en el estado, en la política, en la cultura y en el modo de vida son pruebas elocuentes, entre otras muchas, de que la creación intelectual en Cuba ha sido obra exclusiva de la iniciativa de los creadores gracias al apoyo del estado y de sus instituciones.

El desconocimiento sobre el mundo informativo cubano sale a relucir de nuevo cuando Parcero y Parquesol afirman que los estudiosos de Cuba desconocen la obra de Leví Marrero titulada Cuba, economía y sociedad (10 tomos) Además de existir en las bibliotecas más importantes del país, ha sido y es citada por los creadores del patio. No pocos de los profesionales, no solo historiadores, la poseen en sus bibliotecas particulares, y jamás ha sido prohibida o censurada su utilización como obra de indiscutible valor informativo.

Por último, debe subrayarse, que lo acertadamente expuesto por la Dra. Mercedes García, en torno a la importancia de la investigación colonial, ha sido reiterado por los principales líderes y dirigentes del país.

Es recomendable que las autoras visiten los centros de información de Cuba y que por la vía de Internet se documenten sobre la existencia de las obras cubanas publicadas desde 1959 en adelante. Es posible que modifiquen sus criterios para el común beneficio de ambas.

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