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Encuentro con la Historia impresa.

Autor(a): Lic. Jorgelina Moré Guzmán. Investigadora Agregada. Instituto de Historia de Cuba.

El estudio de la historia recorrida por cualquier proceso o fenómeno, desde sus más remotos orígenes y a lo largo de su posterior desarrollo, debe posibilitar una certera interpretación de su pasado, a la vez que aporta claves imprescindibles para comprender el presente de estos. Ese conocimiento histórico, incluso puede contribuir a anticipar una proyección del comportamiento futuro de los procesos o fenómenos convertidos en objeto de análisis histórico. Esta es una verdad de Perogrullo muchas veces repetidas, pero a la vez olvidada infinidad de ocasiones.

De la afirmación anterior puede inferirse cuán importante y necesario resulta reconstruir, y además difundir cuanto se conozca del proceso histórico de conformación y evolución de las políticas culturales en Cuba, partiendo de nuestro lejano pasado colonial.

El debate digital originado a inicios del pasado 2007 en torno al tema corroboró una vez más que se trata de una tarea priorizada. Hay un interés cada vez más creciente, dentro y fuera de nuestro país, por abordar en particular el tema de la Política Cultural en la Cuba revolucionaria. La materia está en el centro de muchísimos debates, es el sustrato de diversas revistas culturales, libros, y otros formatos comunicativos que hoy circulan por todo el mundo, aunque no siempre el análisis de estos exprese un interés científico.

A pesar de ello, la Política Cultural Cubana, como objeto de investigación histórica es un terreno nocivamente poco estudiado. Son casi imperceptibles los estudios históricos nacionales sobre este campo, para cualquiera de los períodos por los que ha atravesado el país. Mencionaré algunos ejemplos, aunque la lista no es mucho más larga:

•  El lápiz rojo , de Alain Basail Rodríguez, publicado por el Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello en el 2005. El libro ofrece una lectura cultural de los conflictos que atravesaban el país entre 1878 y 1895, por medio de un recorrido por las relaciones establecidas entre el poder colonial, las élites y la prensa en la Cuba de esos años, refleja cómo se expresó la realidad social cubana en la prensa.

•  La Feria Internacional del Libro del pasado año nos sorprendió con la publicación del Premio de Investigación 2002, Raúl Roa, Director de Cultura: una política, una revista , que inicialmente fuera la Tesis de Maestría, de Danay Ramos Ruiz. Este libro destaca la aportadora labor de Raúl Roa al frente de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación Cubano entre 1949-1951 y el papel de la revista Mensuario , que este fundó y dirigió.

A estas obras me gustaría agregar al menos dos interesantes textos:

•  El continente de lo posible Política y cultura en Cuba 1959-1968, de Julio César Guanche, que pretendemos publicar entre las conferencias del actual Ciclo de la Cátedra Emilio Roig.

•  Cuba: Cultura y dictadura (1952-1958), de Ricardo Quiza Moreno, importante análisis acerca de las relaciones entre el binomio cultura-política, vinculadas a la actividad gubernamental de Fulgencio Batista en los años finales de la república neocolonial, publicado en el no. 4 de los Cuadernos de Historia del Instituto.

Insisto, la lista no es mucho más larga. Por tal motivo, desde que tuve conocimiento del hecho consideré sumamente conveniente y trascendental que el Instituto de Historia de Cuba se hubiera propuesto, hace ya algunos años --me refiero a 1992 - 1993 aproximadamente--, establecer una línea investigativa con el propósito de indagar en la Historia de la política cultural cubana en el período revolucionario.

Casi puedo afirmar sin mucho temor al error, aunque en este caso preferiría estar equivocada, que en nuestro país no existía una práctica institucional destinada al estudio histórico de esta línea de trabajo cultural, por lo que es saludable que hoy ya se pueda presentar, en formato libro, uno de los resultados del Instituto.

La Política Cultural de la Revolución Cubana (1971-1988), de la Dra. Mildred de la Torre Molina es, a partir de este momento, un referente ineludible para: 1- quienes se interesen en el tema de la Historia de la Política Cultural en Cuba, en especial la desarrollada posterior a 1959; 2- los estudiosos de las transformaciones sociales realizadas durante el proceso revolucionario, particularmente la profunda transformación cultural que el mismo ha implicado durante todos estos años y 3- para todos los que hoy tributan a su aplicación y perfeccionamiento.

La metodología para el estudio histórico de esta temática está en ciernes en nuestro país, por lo que la sugerente propuesta que ha hecho Mildred es un camino revelador a transitar. Comienza con un análisis que esboza los fundamentos de algunas de las diferentes periodizaciones, desde las que se debate o estudia sobre política cultural en el país, la autora destaca la necesidad de tomar muy en cuenta para ello, “el contenido de los procesos internos” en su interacción macrosocial.

Desde esta perspectiva abordó el desenvolvimiento de las dos instituciones que han centralizado la gestión cultural del Estado socialista cubano: el Consejo Nacional de Cultura, recorrido en sus años finales de existencia desde necesarias valoraciones críticas que se convierten en sutil invitación para iniciar otros análisis, no menos necesarios, de la historia total de la mencionada institución, desde diferentes campos de las Ciencias Sociales. Como se destaca en el ensayo es notable la ausencia de valoraciones de los procesos culturales del período que pudieran facilitar la comprensión de diversos fenómenos actuales, pues no se ha realizado aún el profundo examen que requieren aquellos años, ni el balance cultural del período, de importancia vital en la creación artístico-literaria hasta nuestros días.

También hay valoraciones precisas de los 12 primeros años del funcionamiento del Ministerio de Cultura. El texto recorre no pocas realizaciones de algunos de los lineamientos en los cuales se tradujeron los principios de la política cultural estatal del país por entonces, valga aclarar que dicha política, por los propios objetivos de la sociedad que se construye, es colosalmente abarcadora. Mildred abordó puntos nodales de sus realizaciones como la labor por la preservación del patrimonio cultural, el aporte brindado por la Casa de las Américas, algunas organizaciones artístico-literarias, el entonces masivo y numerosos Movimiento de Artistas Aficionados y esferas concretas de la creación artístico-literaria, éstas últimas valoradas por momentos desde el prisma de la crítica artística, validando argumentos de la Historia del arte contemporáneo cubano y con la novedad de incluir un análisis de la historiografía nacional del período asumido.

Ello es una muestra de cuán diversos pueden ser los caminos a transitar para la imprescindible reconstrucción histórica de una política de tantas complejidades como la cultural.
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