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Proyecto Bush para la transición = más de lo mismo.

Autor(a): Doctor en Ciencias e investigador titular. Raúl Izquierdo Canosa. Presidente del Instituto de Historia y la Unión de Historiadores de Cuba.

La política de la Fruta Madura de Quince Adams en 1823, la Doctrina de James Monroe en 1826, el Destino Manifiesto en 1845, la Doctrina Evarst en 1878, la Diplomacia del Dólar y la del Buen Vecino de Roosevelt en la primera mitad del pasado siglo XX, han sido solo pretextos históricos esgrimidos por los principales dirigentes de la gran nación americana, que esconden tras de sí su acariciado sueño de apoderarse de Cuba. Todas y cada una de esas teorías se han basado en un afán enfermizo y sus apetencias geopolíticas e imperiales. Durante dos siglos no han dejado de pensar en que el archipiélago cubano les pertenece de hecho y de derecho, que nuestro país debe ser anexado a la Unión Americana. No se trata por tanto de un conflicto imputable al castrismo o al comunismo; es, sencilla y llanamente, un fenómeno de injerencismo, intervencionismo e imperialismo.

Varios presidentes norteamericanos procuraron la compra de Cuba a los españoles: Polk en 1848, Pierce en 1853 y Buchanan en 1857; este último incluso desarrolló su campaña electoral a partir de 1854 empleando como argumento la compra de Cuba. Desde 1868 hasta 1878, la política de los gobiernos de Andrew Johnson, Ulises S. Grant y Rutherford B. Hayes se mantuvo contraria a reconocer el esfuerzo y sacrificio de los patriotas cubanos, su beligerancia y lucha por la independencia de España, por lo que estos en su afán de obtener su independencia tuvieron que enfrentar dos enemigos: España y Estados Unidos de América. La isla de Cuba dependía del mercado norteamericano, con el que comerciaba más del 90 por ciento de los productos; era, por tanto, una colonia con dos metrópolis: en lo político, España y en lo económico, Estados Unidos.

En 1898 los Estados Unidos llevaron a cabo su oportunista intervención en el conflicto hispano-cubano y ocuparon militarmente la isla. Se comenzó a aplicar lo que hoy pudiéramos llamar el primer Plan para la Transición (transición del colonialismo al neocolonialismo). Los geófagos estadounidenses se distribuyeron el botín de guerra, adquirieron grandes extensiones de suelo fértil por medio de la compra a precios irrisorios, tierras que debieron haber pasado al patrimonio de la nación cubana. Con la ocupación del país sentaron las bases para su penetración en los servicios públicos, la producción y las finanzas e implantar una colonización de nuevo tipo: la neocolonia.

El gobierno de los Estados Unidos designó su primer interventor militar, el mayor general John Rutter Brooke (ahora le llaman coordinador para la transición), quien ocupó el mando de la isla a partir del 1 de enero 1899. Su principal tarea consistió en dividir a los cubanos, neutralizar cualquier acción contraria a sus intereses y desmantelar las instituciones representativas del independentismo. Los objetivos prioritarios de los interventores yanquis fueron desarmar y disolver el Ejército Libertador y la Asamblea del Cerro y establecer la forma de organización estatal que se aplicaría en Cuba. Se dividió el país en siete departamentos, al frente de cada uno de ellos se situó a un general del ejército de ocupación y se reservó la autoridad suprema del interventor, que ejecutó a través de órdenes militares.

Tanto el general Brooke como su sucesor, el general Leonard Wood (20 de diciembre de 1899 a 20 de mayo de 1902) aplicaron un plan de "reconstrucción" que funcionó en correspondencia con las necesidades e intereses estadounidenses. Leonard Wood, además, se dio a la tarea de organizar las elecciones para integrar la Asamblea Constituyente, redactar una constitución favorable al gobierno de los Estados Unidos y establecer las relaciones que habrían de existir entre ese país y la futura República de Cuba, asegurando la imposición de la Enmienda Platt.

Tomás Estrada Palma ascendió a la primera magistratura de Cuba el 20 de mayo de 1902 con el apoyo norteamericano. Propició la segunda intervención militar, dada su incapacidad de dominar a los opositores políticos que se sublevaron ante su fraudulenta reelección en 1906. El 29 de septiembre de ese año, el Secretario de la Guerra de los Estados Unidos, William H. Taft, asumió las funciones de gobernador de la isla, que mantuvo hasta el 2 de octubre cuando le entregó el mando a Charles E. Maggon, el cual lo traspasó al caudillo liberal José Miguel Gómez el 28 de enero de 1909 con la advertencia de no alterar el orden, porque de hacerlo, la intervención adoptaría forma permanente.

En mayo de 1912, los Estados Unidos intervinieron militarmente al producirse el alzamiento del Partido de los Independientes de Color, que generó una violenta represión. El levantamiento del Partido Liberal, en febrero de 1917, conocido como "La Chambelona", tampoco fue del agrado yanqui; destacamentos de marines traspasaron los límites de la base de Guantánamo y ocuparon diferentes puntos.

A fines de 1920 el general Enoch Crowder llegó a Cuba para controlar la situación económica y política del Estado. Se presentó como el restaurador de la democracia y la moralidad, defensor de los intereses de la isla, y dispuso que se realizaran nuevas elecciones, en base a un código redactado por él. El embajador Benjamin Sumner Welles arribó en mayo de 1933 para iniciar la famosa "mediación" entre el presidente Gerardo Machado y la oposición. El 12 de agosto Machado huyó del país, no a consecuencia de la gestión de Welles sino por la situación revolucionaria.

A pesar del sometimiento de los gobiernos de Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarras, las autoridades norteamericanas apoyaron el cuartelazo militar del 10 de marzo de 1952. Desde ese día y hasta el 31 de diciembre de 1958, los Estados Unidos prestaron apoyo económico, político y militar a la dictadura de Fulgencio Batista. Los embajadores Arthur Gardner y Earl T. Smith -particularmente este último- dieron pasos para penetrar las filas revolucionarias y propiciaron el incremento de la actividad de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Cumpliendo instrucciones del Departamento de Estado, Smith asumió, una actitud francamente injerencista hacia la propia tiranía de Batista cuando dijo: "Los Estados Unidos diplomática, pero claramente, le habían dicho al Presidente de la República que debía irse de su propio país".

La inversión norteamericana en Cuba representaba las tres cuartas partes del billón de pesos en 1955, concentrada en el sector eléctrico, la explotación minera y el fomento de las industrias. Los capitales norteamericanos, que se acrecentaron con el nacimiento de la República, excedían el 90 por ciento en los servicios de electricidad y teléfono, cerca del 50 por ciento en los ferrocarriles y el 40 en la producción azucarera. Las sucursales bancarias norteamericanas contaban con la cuarta parte de los depósitos bancarios. En 1929 las inversiones norteamericanas alcanzaron los 919 millones de dólares, en 1936 descendieron a 666 y en 1946 a 553 millones de dólares; en el año 1953, se calculaban en 686 millones. Los capitales privados invertidos alcanzaban el 9,3 por ciento del ingreso nacional en 1947, el 11,3 en 1951 y el 16,2 en 1952.

Según cifras emitidas por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos a mediados y fines de 1955, los capitales cubanos en suelo norteamericano sobrepasaban los 312 millones de dólares. De ellos, 249 estaban depositados en los bancos estadounidenses, 47 millones invertidos en acciones y 14 dedicados a negocios. Las compras de valores norteamericanos, particularmente bonos del gobierno de los Estados Unidos, fueron considerables en los años 1950 a 1955; las adquisiciones de bonos sobrepasaron los 185 millones de dólares. Las inversiones de los cubanos en propiedades desde 1941, en la Florida y Nueva York y especialmente al sur de la Florida, en los edificios de la región principal, ascendieron a 100 millones de dólares en 1950. Investigaciones realizadas en 1955 indicaban que no era exagerado calcular que dichas inversiones ascendían a 150 millones de dólares a fines de ese año.

Restablecer su injerencismo, la tolerancia ante la corrupción y la politiquería; devolverles las propiedades a sus antiguos dueños; incentivar la propiedad privada y el modelo de economía de mercado; redistribuir los recursos del país; reactivar los aparatos represivos de gobierno (policía, guardia rural, el BRAC, SIM), un ejército títere y otros, el tránsito hacia el fracasado neoliberalismo, constituyen las piezas claves del proyecto aprobado por el presidente Bush para asistir a una Cuba libre. Dicho proyecto constituye el interés y la ambición suprema y paranoica de la mafia gusano americana y los círculos más reaccionarios de poder en los Estados Unidos.

La historia demuestra con meridiana precisión y elocuencia que el llamado Plan para restablecer la democracia en una Cuba libre es una versión modernizada del mismo que aplicaron desde enero de 1899, durante 59 años de explotación, injerencia e intervenciones militares. Sencillamente, tratan de imponernos y darnos más de lo mismo, seguirle ordeñando la ubre a la vaca, comerse el jamón criollo y dejar el hueso para nuestro pueblo. El bloqueo económico a Cuba es la descarga o el desafuero de esa soberbia y rencor acumulado históricamente, de toda la prepotencia y la arrogancia de los gobernantes estadounidenses, que ante su incapacidad de imponérsenos y someternos a sus designios, recurren a métodos tan bárbaros y despiadados como el tratar de rendir por hambre, miseria y necesidades a nuestro pueblo.

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