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| “Situación de las mujeres en Cuba durante el primer gobierno republicano (1902-1906)” . | ||
Autor(a): Lic. Leidys Céspedes Carrera. Instituto de Historia de Cuba. La temática de la mujer, al igual que los “temas secundarios”, ha estado al margen de los acontecimientos nacionales e internacionales en la historiografía cubana; es por eso que varios investigadores se han dedicado a transitar por estos derroteros. Tal es el caso de la estadounidense K. Lynn Stoner, el Doctor en Ciencias Julio César Pagés, Ana Vera, Digna Castañeda, Daisy Rubiera, Ricardo Quiza, la profesora e investigadora auxiliar Raquel Vinat de la Mata, entre otros. Raquel Vinat, quien se ha dedicado al estudio de la temática relacionada con el protagonismo histórico femenino a partir del enfoque de género, nos presenta el libro “Situación de las mujeres en Cuba durante el primer gobierno republicano (1902-1906)” ; el cual constituye “ una apretada síntesis de una extensa investigación cuyo objetivo primordial fue describir las respuestas femeninas a la situación nacional durante el gobierno de don Tomás Estrada Palma, así como definir las expectativas sociales acerca del rol cívico de las mujeres a partir de los cambios que tuvieron lugar en la sociedad cubana entre los años 1902 y 1905. ” 1 Período en que la República, calificada por muchos historiadores como República Neocolonial por encontrarse atada a los intereses imperialistas por la Enmienda Platt y los mecanismos económicos y políticos establecidos, dista mucho de ser la soñada por José Martí y tantos hombres que dieron sus vidas en favor de la independencia; y se encuentra plagada de problemas económicos y sociales. El tema nos acerca a áreas nunca antes abordadas por la historiografía con la profundidad y la veracidad que nos ofrece la autora. Además es un tema que aún hoy, en pleno siglo XXI y con una Revolución de más de medio siglo, que ha defendido el derecho y la igualdad de todos y todas, nos toca de cerca a cada mujer; aunque el contexto socio- económico ha cambiado y muestra un horizonte diferente para las féminas; muchas barreras persisten en mantenernos con viejos estereotipos de “mujer frágil”, incapaz desempeñar “trabajos de Hombres” o de ocupar cargos de dirección. Es por eso que es novedoso e interesante, aunque sus resultados no consiguieron satisfacer las apetencias cognitivas de su autora, despierta el interés a toda persona que se adentra en sus páginas por continuar indagando en un tema que aún se encuentra entre espesa neblina de la historiografía cubana. Por las complejidad del período y del tema en lo que a fuentes bibliográficas se refiere la autora se vio obligada “al reanálisis de las circunstancias político- sociales, económicas y culturales de entonces con una visión inclusiva a fin de interconectar diversas aristas de la recién estrenada neocolonia (…) desde la trilogía Hombres-Mujeres- sociedad” 2 y reexplorar las fuentes con un criterio despojado de sexismo; por lo que en el epígrafe de “Citas, Notas y Referencias” nos permite examinar un valioso material documental, de la primera década de 1900 y bibliografía contemporánea; en su mayoría son libros de temáticas generales y publicaciones , revistas y periódicos, en los que aparecen artículos que abordan el tópico de la mujer. Una vez compilada la información a partir del método de inducción- deducción “para “poner hablar” a los silencios y aproximarnos a aquella omitida realidad” ; se estructuró el libro en 12 epígrafes. Inicialmente el análisis está dirigido a responder : ¿Qué solución ofreció el mandato presidencial de Estrada Palma para que las mujeres encararan simultáneamente los viejos dramas heredados y las nuevas contradicciones surgidas bajo el signo de la frustración? Partiendo del análisis de la situación socio-económica que existían en la naciente república se muestra, con datos estadísticos, la realidad de la mujer cubana: por una parte se trata el retorno a sus labores hogareñas a través de un recurso emotivo: “misión ciudadana” de “garantizar la pervivencia y transmisión de los valores patrimoniales” ; pero a su vez viudas( ante la falta de un plan de seguridad social), huérfanas, ancianas y esposas de hombres incapacitados, a raíz de la guerra, se tienen que incorporar al trabajo para constituir el sostén de su familia. Es por eso que comienzan a vincularse en los sectores donde laboraban solamente hombres; en educación, en su mayoría enseñanza primaria y Kindergarten y en menor cuantía otras especialidades como: inglés, música, Enseñanza Manual, Educación física o Calistenia; y otras se incorporaban a los Servicios Personales (sirvientas, cocineras, lavanderas-planchadoras, niñeras y las vinculadas a la industria de la Aguja [corte y costura]), donde la generalidad la constituían niñas entre 10 y 14 años vinculadas a quehaceres rudos, socialmente despreciados y mal retribuidos. Los datos, en relación a su incorporación, no son completos al informar muchas que no tenían vínculo laboral, sin embargo se ganaban la vida a través del Sistema de Trabajo a Domicilio o por cuenta propia; en este fenómeno influye mucho el solo hecho de considerar su trabajo como extensión de las labores hogareñas o lo ocultaban para “no herir la honra de sus hombres”. Esta incorporación de la mujer al trabajo tuvo que enfrentarse con “Viejas y nuevas barreras”, entre las viejas figuraba el problema racial, poniendo como ejemplo el caso de las enfermeras y las maestras, en su mayoría eran blancas. Entre las nuevas barreras estaban la belleza femenina porque la “mujer corre el riesgo de perder sus delicadezas femeninas, masculinizando sus gustos porque las “varoniles y esforzadas” jamás alcanzarán éxitos” 3 o porque “¿Legará el día en que la mujer, con competencia suficiente, desaloje al hombre de ciertos cargos?” 4 Además estuvo marcada porque muchas no tuvieron acceso a una buena educación y en ocasiones ni tan siquiera a una educación; por tener que apoyar a sus madres en los quehaceres domésticos, matrimonios prematuros, embarazos adolescentes o la intransigencia de los padres ante la relación interracial y la coeducación. Esta situación se veía agravada en la Segunda Enseñanza en el que “(…) las alumnas solo constituían el 15,5 % de todas las féminas comprendidas entre las edades de 15 a 24 años. Y en el nivel universitario no había más de seis muchachas matriculadas quienes enfrentaban frenos no menos absurdos a los encargados por sus congéneres del siglo XIX: para ingresar en el centro de altos estudios, debían tener el consentimiento paterno, y los exámenes de suficiencia con testigos masculinos. Además (…) el racismo y el clasismo gobernaban el acceso pues ninguna joven negra o mestiza se hallaba en las listas de estudiantes de la enseñanza superior; también resultaba virtualmente privativo de las pertenecientes a las élites por el elevado costo de la matrícula, exámenes y material escolar.” 5 Ante la situación imperante en la Isla el gobierno solamente ofreció una solución parcial a algunos problemas como fue el caso de la liquidación de los haberes al ejército Libertador y el pago a los herederos de los militares fallecidos; pero otros no hallaron respuesta como: desempleo femenino, trabajo infantil, pobreza, abandono familiar, prostitución adolescente (las estadísticas no ofrecen cifras reales ya que solamente incluye a las meretrices legalizadas y no a las de las llamadas “áreas de tolerancia”); desencadenantes del incremento de la delincuencia juvenil, la violencia doméstica y el impacto en la imagen pública por las mujeres presas y la marca a su prole como “descendencia marginal ”. Posteriormente responde a: ¿Cómo reaccionaron las mujeres a esta realidad? Ante estas problemáticas y la imposibilidad de ser resueltas por el gobierno de Estrada Palma, las mujeres, al no ser aceptadas en los partidos, tuvieron que buscar sus propios medios de asociación; como fueron la Asociación Patriótica de Damas Cubanas, el proyecto de Asilo de Huérfanos de la Patria, la Sociedad Labores Cubanas, la Asociación Popular para el Socorro de la Mujer y los Niños Desvalidos, entre otras; en el campo laboral la Asociación de Anilladoras, la Sociedad Protectora de Sirvientas y Artesanas; aunque este movimiento fue truncado por la “(…) falta de unidad de la fuerza femenina y su indefinición de los objetivos sociales de corto y largo alcance para el beneficio de sus congéneres”, 6 no todas las cubanas se rindieron ante la “fusta sexista” muchas percibieron que “había nacido una nueva vida”; y como dijera Emilia de Córdova: “No estamos inactivas, nuestra labor es otra. A pesar de tantos esfuerzos extraordinarios, de tanto progreso (…) aún no hemos llegado a la meta; mucho nos dista, pero en esa senda estamos y no desmayaremos, aunque lenta y penosa sea la marcha (…)” 7 Es por ello que coincido con la autora en aseverar que la obra constituye “modestos pasos para salvar del olvido y la indiferencia algunos eslabones perdidos de nuestra memoria” , e invito al lector, investigador o no, a continuar la búsqueda de nuevos derroteros en la temática de la mujer 1. Raquel Vinat de la Mata: “Situación de las mujeres en Cuba durante el primer gobierno republicano (1902-1906)” , Editora Historia, La Habana, 2008, sinopsis (error en 1905, debe ser 1906) |
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