Autor(a): Dr. Gustavo Placer Cervera. Investigador Titular. Instituto de Historia de Cuba.
La Habana , Noviembre 10 de 2005
Director
Periódico El Mundo,
Madrid, ESPAÑA.
Estimado Sr. Director:
He leído, en la página 4 de la edición del viernes 9 de septiembre de 2005 el artículo " Nueva Orleáns: la resurrección de la Atlántida " del historiador británico Henry Kamen. Para mi sorpresa, dada la erudición que es de suponer en el ilustre colega, he notado algunas imprecisiones históricas contenidas en el último párrafo de la primera columna y comienzo de la segunda, junto a consideraciones del autor que son, a todas luces, exageradas. Paso a efectuar a continuación los señalamientos que considero pertinentes con el único interés de esclarecer la verdad histórica.
En primer lugar; Nueva Orleáns, y la Luisiana en su conjunto, no pasaron a ser posesiones españolas en 1762 si no en 1763, en virtud del Tratado de París que puso fin a la denominada Guerra de los Siete Años y la recibió como compensación de la pérdida de La Florida que fue cedida por España a Gran Bretaña a cambio de La Habana (porque, para ser precisos, los ingleses no se habían apoderado de Cuba sino de La Habana y una zona circundante como tampoco capturaron a las Filipinas si no sólo a su capital, Manila).
El párrafo que sigue: "Fue una derrota de dimensiones aún mayores que aquélla que sufrirían un siglo después, en 1898" es, en mi criterio, una apreciación exagerada del destacado profesor inglés, no sólo por la extensión de los territorios perdidos en cada caso si no también por la trascendencia histórica, política y económica que tuvieron los acontecimientos de 1898.
Y, finalmente, considero importante subrayar que los británicos no devolvieron los territorios ocupados de manera graciosa si no a través de un canje y que dicha negociación, aparentemente inexplicable, de ceder un puerto y ciudad tan importante como lo era ya La Habana , a cambio de la pantanosa e insalubre Florida, sólo puede comprenderse a través del análisis de diferentes factores siendo uno de los más importantes la presión ejercida por los plantadores de caña de azúcar de las islas británicas del Caribe que veían en la posesión de La Habana (y una posible futura extensión del dominio inglés a toda Cuba) un peligro para su monopolio en el suministro del dulce a la metrópoli.
Le aclaro que no me mueve ningún ánimo de polémica ni de herir susceptibilidades. Guardo hacia el Dr. Kamen y hacia su periódico el mayor respeto y consideración.
Cordial y atentamente,
Dr. Gustavo Placer Cervera.
Investigador Titular. Instituto de Historia de Cuba. |