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Evocación de Alfredo López.

Autor(a): Angelina Rojas Blaquier. Instituto de Historia de Cuba.

Cuando el movimiento obrero cubano arribó al pasado siglo XX, las ideas reformistas anarquistas y socialistas coexistían en la sociedad, enriquecidas desde finales del siglo XIX por el regreso al país de la emigración que había participado con José Martí en la preparación y desarrollo de la guerra de independencia y la transformación de Cuba en una colonia de nuevo tipo dada la instauración de su dependencia a Estados Unidos a partir de 1902, escoltada por la Enmienda Platt. Estos y otros hechos y coyunturas, que tuvieron especial significación para la masa obrera, fueron imponiendo nuevas modificaciones en su manera de pensar y de luchar.

De esa suerte, el movimiento obrero cubano se distinguió por una peculiaridad muy singular: el haber necesitado solo de los primeros 25 años del siglo para fundar la Confederación Nacional de Obreros de Cuba, la primera organización unitaria en capacidad para conducir a los trabajadores hacia la lucha por su emancipación económica y social, y de un período similar para librarse del yugo capitalista e iniciar la construcción del socialismo.

Entre las personalidades que más contribuyeron a la concertación de la unidad obrera durante las primeras décadas de ese siglo se destacó, especialmente, Alfredo López, obrero tipográfico que, desde los postulados del anarcosindicalismo, se inició como uno de los principales dirigentes del movimiento obrero cubano, destacándose a partir de la segunda década de la vigésima centuria, cuando la experiencia excepcional que significó la victoria del proletariado ruso y el interés del entonces presidente cubano Mario García-Menocal por organizar a los trabajadores bajo control estatal, matizaron la evolución de su pensamiento, haciéndolo avanzar hacia el marxismo.

Alfredo López comprendió temprano la necesidad de agrupar a los trabajadores en una organización clasista independiente y unitaria para luchar por sus demandas y ya en 1920, cuando asiste al congreso obrero convocado por la Federación de Torcedores de La Habana y Pinar del Río, en abril de 1920, con la asistencia de representantes de 102 organizaciones obreras de todo el país, propuso la creación de federaciones locales (provinciales), como paso previo a la convocatoria de otro congreso obrero cuyo principal objetivo sería la unificación de todos los trabajadores del país en una sola organización. Los asistentes al congreso acordaron la realización de dicho proceso unificado. Iniciado de inmediato bajo la conducción de López, fue respaldado muy activamente en ese esfuerzo unificador por los representantes del pensamiento socialista cubano, especialmente Carlos Baliño, quien colaboró sin descanso por la concertación de la unidad entre los distintos sectores de trabajadores, y por la labor que desde muy temprano venía realizando Agustín Martín Veloz (Martinillo) en la antigua provincia de Oriente.

Como primer fruto de este empeño nació, el 4 de octubre 1921, la Federación Obrera de La Habana (FOH) dirigida por el propio Alfredo López, quien se hizo acompañar de dirigentes obreros como José Peña Vilaboa y Alejandro Barreiro, los cuales, en 1925, integraron el grupo de fundadores del primer Partido Comunista de Cuba.

Si bien la FOH tuvo en sus inicios una fuerte influencia anarcosindicalista y reformista, su fundación fue, sin dudas, un triunfo indiscutible de los obreros de pensar revolucionario que, como los mencionados, comprendieron la necesidad indispensable de la unidad obrera como fundamento para el éxito de sus luchas, convirtiéndose en el inicio del proceso organizativo concluido en 1925 con la fundación de la Confederación Nacional de Obreros de Cuba (CNOC), antecedente directo de la CTC, a tiempo que se colocaba al frente de las luchas obreras y sociales de su tiempo.

Pero Alfredo López, hombre de pensar profundo, no tardó en comprender la importancia que suponía la preparación cultural de los trabajadores, idea que fuera ampliada y profundizada poco después por ideólogos como Julio Antonio y Mella Rubén Martínez Villena, asiduos visitantes a la FOH. Así Alfredo López fundó, el 4 de octubre de 1922, la Escuela Racionalista. Dicha escuela funcionaba en el Centro Obrero de La Habana y en otros locales sindicales. A ella asistían durante el día los hijos de los obreros y los adultos en horario nocturno, a fin de combatir la ignorancia que favorecía a los intereses de la burguesía. Es por ello que la Universidad Popular José Martí, fundada por Julio Antonio Mella el 3 de noviembre de 1923 tuvo, entre sus más fervientes colaboradores, junto a Martínez Villena, José Z. Tallet, Juan Marinello y otros intelectuales revolucionarios, al preclaro dirigente obrero Alfredo López.

Julio Antonio Mella, quien con suma justicia y objetividad describiera a López, dijo de este que no era un intelectual ni un erudito, sino un linotipista cuyo buen salario le habría permitido vivir con su familia holgadamente desde las filas de la llamada aristocracia obrera , y sin embargo, se había entregado por entero a la causa de la organización y la lucha del proletariado, convertido en una personalidad que envuelta en su traje oscuro y su corbata blanca, andaba con los bolsillos, como verdaderos archivos ambulantes, siempre repletos de folletos, revistas, mientras como un eterno buscados de información de cualquier tipo, se había convertido en un hombre de elevada cultura general y sobre todo, de elevado sentido conceptual y práctico acerca de lo que significaba la explotación capitalista, la importancia de la organización unitaria y la necesidad indispensable de que los trabajadores adquiriesen la cultura general y política que necesitaban para la comprensión y el exitoso de sus luchas, junto al significado del dominio norteamericano para la nación cubana.

A Alfredo López, sin dudas gran dirigente de los trabajadores de su tiempo, forjador indiscutible de la unidad de los trabajadores, se le veía al frente de éstos en cada manifestación, en cada huelga, en cada reclamo, en cada acción contra los propietarios y sobre todo contra el amo, y por ello protestaba incansable contra los desmanes de Alfredo Zayas y posteriormente del dictador Gerardo Machado

Como también lo describiera Mella, era pequeño de estatura, pero sin dudas un gigante desde las tribunas de agitación y en las manifestaciones de calle, en la organización de los trabajadores y en la forja de la unidad, un creador de energía.

Alfredo López compartió con Mella la cárcel tras los sucesos del 27 de noviembre de 1925, pero no conforme el tirano Machado con las medidas represivas aplicadas contra el valioso dirigente, el fundador y líder de la FOH y la CNOC fue detenido, torturado y asesinado en las mazmorras del Castillo de Atarés el 20 de julio de 1926. Sus restos fueron encontrados, tras la caída de Machado, en las faldas de dicha fortaleza.

Cuando Mella recordó las incidencias que sufrieron juntos en la cárcel, dijo de Alfredo: ... Aquel hombre que me había enseñado a odiar a la burguesía, en la misma clase donde nací, de mis primeros años de romanticismo revolucionario, ya por suerte fenecidos. Hoy el revolucionario es como Alfredo, nuestro maestro...

¡Sí, Alfredo está con nosotros. No su cuerpo de luchador, su dinamismo asombroso! Pero si su obra: la que todos debemos terminar...

Sin dudas la obra de Alfredo, de Mella, de Rubén, de Baliño, de tantos otros dirigentes enormes del proletariado cubano ha sido no sólo defendida, sino dignamente continuada por el pueblo trabajador que supo asimilar y asumir sus magisterios.


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